¿Quién se ocupa realmente de mover el esqueleto?

Músculos, tendones… y por qué no son lo mismo

Cuando pensamos en movimiento, solemos señalar al músculo.
“Me duele el músculo”, “tengo el músculo cargado”, “hay que fortalecer el músculo”.


Pero la realidad es un poco más compleja —y mucho más interesante—: el músculo no mueve nada por sí solo. Para que un hueso se mueva, hace falta un sistema perfectamente coordinado. Y en ese sistema hay un gran olvidado: el tendón.


Para entenderlo sin tecnicismos, bajemos la anatomía del pedestal… y llevémosla a lugares mucho más familiares.


El cuerpo funciona como un sistema mecánico bien diseñado

Nuestro aparato locomotor no es muy distinto de una máquina clásica: hay quien genera la fuerza, quien la transmite y quien se mueve.

  • Músculo → genera la fuerza.
  • Tendón → transmite la fuerza.
  • Hueso → se mueve.
  • Articulación → permite el giro.

Nuestro aparato locomotor no es muy distinto de una máquina clásica: hay quien genera la fuerza, quien la transmite y quien se mueve.

El coche: un motor potente no basta

Imagine un coche con un motor espectacular.
Muchos caballos, gran cilindrada, todo reluciente… pero con la correa de transmisión
dañada
.

Resultado: el motor ruge, pero el coche no avanza.

En el cuerpo ocurre exactamente lo mismo:

  • El músculo es el motor: genera la fuerza.
  • El tendón es la correa de transmisión: lleva esa fuerza al hueso.
  • El hueso es la rueda: la estructura que finalmente se mueve.

Un músculo fuerte con un tendón debilitado no es una ventaja.
Es una avería anunciada.

La bicicleta: las piernas no mueven la rueda directamente

Cuando pedalea en una bicicleta, sus piernas no “empujan” la rueda.
La rueda gira gracias a una cadena que transmite la fuerza.

  • Piernas → músculo.
  • Cadena → tendón.
  • Rueda → hueso.

Si la cadena está floja, oxidada o mal alineada, parte de la energía se pierde.
Pedalea más… y avanza menos.


En el cuerpo sucede lo mismo: cuando el tendón no está bien adaptado, el movimiento se vuelve ineficiente, torpe o doloroso, incluso aunque el músculo esté fuerte.

El sistema de poleas: fuerza bien dirigida

Piense ahora en un sistema de poleas para levantar una carga pesada.

La polea no crea fuerza, solo la redirige y optimiza.
La fuerza la genera quien tira de la cuerda.

  • El músculo crea la fuerza-.
  • El tendón actúa como la cuerda y la polea.
  • El hueso es la palanca que se mueve.

Si la cuerda está desgastada, el sistema falla.
No por falta de fuerza, sino por una mala transmisión.

La idea clave que conviene recordar

El músculo no mueve el hueso directamente.
El proceso real es este:

El músculo tira del tendón → el tendón tira del hueso → el hueso se mueve alrededor de la articulación.

Por eso muchas lesiones no aparecen en el músculo, sino en el tendón:
es el eslabón silencioso, resistente… pero exigente.

¿Por qué esto es tan importante para entrenar y rehabilitar?

Porque:

  • El músculo se adapta rápido al entrenamiento.
  • El tendón se adapta mucho más despacio.
  • Exigirle más de lo que puede asumir es una receta perfecta para la lesión

Entrenar bien no es solo “ganar fuerza”, sino enseñar al sistema completo a trabajar en armonía: motor, transmisión y estructura.

En resumen

  • El músculo genera fuerza.
  • El tendón la transmite.
  • El hueso se mueve.
  • Y cuando uno falla, todo el sistema sufre.

Entender esta diferencia es el primer paso para moverse mejor, entrenar con cabeza y envejecer con menos dolor y más autonomía.